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Hace unos años, analistas y publicaciones no hacían más que predecir la muerte de Facebook, la de Twitter o la del servicio de turno ya fuese porque enfrentaban una época difícil o porque aparecía un supuesto contrincante capaz de llevarse su parte del pastel y la del resto.

Por supuesto, estas predicciones no acertaron. Desde entonces, los medios nos hemos vuelto más cautos al hacer este tipo de afirmaciones. Solo hay que ver el tratamiento que se ha dado al escándalo de Cambridge Analytica y Facebook: nadie (salvo algún insensato) ha hablado de la muerte de la red social. Pero lo que sí se ha puesto sobre la mesa es el declive del servicio. Porque, en verdad, existe la posibilidad que este sea el «principio del fin» para Facebook.

Esta crisis de Facebook ha supuesto que se ponga en duda su modelo. Y que, sumergidos como estamos en un ambiente entusiasta en torno a la tecnología blockchain, vuelva también a la palestra el tema de la descentralización, característica básica de la cadena de bloques. Así lo señala el escritor, periodista e ingeniero de software Jon Evans en un artículo publicado en TechCrunch.

Sí, la descentralización es la solución, pero…

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La descentralización de nuestros datos siempre se ha propuesto como la solución a los problemas que plantea un Facebook bajo el modelo actual, un Twitter o cualquier otra red social similar. Aunque se han hecho intentos, ninguno ha terminado de prosperar. Y si no lo han conseguido, quizá haya sido por las enormes expectativas que se pusieron en ellos.

Evans cita de pasada 2 de los principales ejemplos: Diaspora y Mastodon. Y uno que lleva las últimas semanas circulando con fuerza, Vero, pero cuyo destino todavía es incierto. Ni Diaspora le quitó el puesto a Facebook, ni Mastodon a Twitter. Es más, tampoco consiguió desplazar al primero ni Google+ ni Ello, productos que aunque no eran (son) descentralizados, recibieron su dosis de atención mediatica.

Y a pesar de ello, esta crisis de Facebook ha vuelto a traer a la conversación el tema de las alternativas. Dejo en este punto la palabra al mismo Evan:

«Y aún así. Se susurra en rincones oscuros, en convenciones con nombres como Consensus y TokenFest, que hay un túnel secreto en esa pared, un defecto fundamental. Que la ventaja de Facebook a escala masiva podría desvanecerse si se enfrentara a la magia oscura de la descentralización, en la que los usuarios poseen sus propios datos, encriptados por ellos, almacenados en la ubicación de su elección, compartidos sólo cuando ellos lo aprueben explícitamente, mientras se conectan de igual a igual con interacciones mediadas y pagadas a través de un protocolo tokenizado, a través de una armada de nodos corriendo – sí, lo adivinaste – algún tipo de cadena de bloques».

Sí, no es una novedad. Pero en esta ocasión, estimulados por el entusiasmo por la blockchain, es posible que no tarden (seguro que ya lo han hecho) en aparecer nuevas iniciativas tan ambiciosas como descentralizadas que pretendan pescar en el río revuelto de Facebook, lo cual no está mal. Pero lo que está mal, señala Evan y concuerdo con él, es el enfoque. Porque no van a pescar unos pocos peces: aspirarán a llevarse todo el cardumen.

Algo con lo que hay que contar: el efecto Lindy

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Ahí radica el problema. En el enfoque, en pretender ir a por el premio mayor: derrocar a Facebook y tomar su lugar. Y eso no va a ocurrir. De nuevo, Evan lo explica muy bien: «Me gusta pensar a lo grande tanto como a cualquiera, pero en la práctica no se cambian las cosas derrocándolas. No apagarás una antorcha que ha estado ardiendo por muchos años con tu nuevo Big Bang».

Evan enlaza en este párrafo a la explicación en Wikipedia de lo que se conoce como el efecto Lindy, y que en lo particular yo desconocía. En resumidas cuentas, este efecto explica, como resume Enrique Dans, que «Al contrario que en un ser vivo, en el que cuanto mayor es su tiempo de vida, menor es su expectativa de vida, en un producto informacional o una tecnología, cuanto más tiempo persiste, más probabilidades tiene de seguir persistiendo, y por tanto, la robustez es proporcional a la duración de su vida».

Tomando entonces el efecto Lindy en consideración, derribar o desplazar a Facebook de su sitio no es una tarea fácil. Desde 2004 a 2008, MySpace fue la red social más usada a nivel mundial. Con 5 años de existencia, a Facebook le fue «fácil» desplazarla; lo de «fácil» va así, entre comillas, porque le tomó 4 años conseguirlo. Si contamos desde entonces, a día de hoy Facebook lleva 10 años en el mercado. Habrán cometido muchos errores, y algunos de ellos graves, pero no es una empresa que se vaya a derrumbar con tan solo soplar contra ella.

Descentralización basada en blockchain e intereses

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Entonces, ¿no hay salida? ¿Ni siquiera una red social basada en blockchain puede salvarnos? ¿Estamos condenados a permanecer en las manos de Zuckerberg? Pues ni tanto, como el mismo Evan dice. Lo que pasa es que el objetivo no debe ser derribar a Facebook sino plantear alternativas pero bajo otros escenarios. Así lo explica él:

«Queridas personas de la cadena de bloques, esta es su hora, si tan sólo la reconocieran. Pero su objetivo no es competir con, o reemplazar, los servicios centralizados. Es posible que ese nunca sea el objetivo, y eso está bien; más bien, su objetivo en este momento es crear una alternativa viable para aquellos que rechazan los servicios centralizados existentes, ya sean muchos o pocos».

Se trata entonces de repensar el panorama actual. A nivel tecnológico, dice Evan, con blockchain «Nos estamos acercando —o tal vez ya nos hemos acercado— al punto en que estas herramientas podrían reunirse para construir, por ejemplo, una red social descentralizada a pequeña escala».

Como añade «Todavía se enfrentaría al problema de la masa crítica: pero eso podría abordarse centrándose en cohortes y comunidades específicas; colectivos de arte, iglesias, fandoms, etcétera». Es decir, lo que podríamos denominar como redes sociales por intereses, eso que no abunda como ya mencionaba en otro artículo.

En resumen, Evan aboga por estas pequeñas redes descentralizadas en base a intereses empleando un sistema de autentificación descentralizado (basado en blockchain) en el que el usuario tendría el control de sus datos. Esto, a nivel técnico, es de suponer que tiene muchas implicaciones, además también de enfrentar muchos obstáculos, entre los que está esa entelequia la que llamamos «mercado».

Las cosas pueden cambiar… o no

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Para que algo como esto, que lleva rondando ya un cierto tiempo, salga adelante, tendrían que cambiar muchas cosas: desde la mentalidad de muchos desarrolladores hasta la de los inversionistas. Creo que no tanto la del usuario, pues este terminaría desembocando en estas redes y en estos sistemas por sí solo, aunque fuera de manera lenta (pero sostenida).

¿Qué tan factible es que se desarrolle un escenario de este tipo? De hoy para mañana, no va a suceder. Eso está claro. Ahora bien, hay que considerar que son muchos los elementos que están entrando en juego a raíz de la crisis de Facebook, entendida esta no solo como el caso de Cambridge Analytica sino también añadiendo los cuestionamientos previos que se han venido intensificando a raíz de la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses.

Al principio, Facebook era una cosa entre el servicio y sus usuarios. Luego, entraron en el asunto las empresas y los medios (que no dejan de ser lo mismo). Ahora, está entrando también la política. Y aquí las cosas cambian.

Cambian porque los políticos son los que hacen las reglas del juego y es posible que, debido a todo el ambiente que se ha generado en torno a las noticias falsas y las acusaciones de manipulación, se empiecen a aplicar regulaciones muy específicas contra Facebook pero que afectarán a todo el entorno tecnológico. La Unión Europea está en ello, y Estados Unidos probablemente siga un camino similar (aunque menos garantista de cara al ciudadano, como suele ser usual). Por lo tanto, es posible que legislaciones similares empiecen a aplicarse en muchas otras partes del mundo.

Aunque el golpe podría ser muy perjudicial para el entorno tecnológico actual, también podría ser el terreno abonado para soluciones del tipo que expone Evan y de las que se lleva hablando ya un tiempo. Esto plantearía a su vez nuevos desafíos de todo tipo, por supuesto. Algunos se pueden prever, pero otros aparecerían por el camino.

Por lo tanto, se puede afirmar que nos encontramos en un momento decisivo. El modelo actual de redes sociales podría cambiar a lo largo de 2018 o, quizá, en los próximos años. La posibilidad de que sea algo diferente a lo que conocemos en la actualidad está ahí. Que se dé o no, es otro asunto.

Pero si se da, es muy posible que las cadenas de bloques tengan un papel muy importante en todo ello. Y en cualquier caso, no será algo inmediato: cualquier proyecto deberá pensar a largo plazo y no solo pretender un éxito fulgurante en unos pocos meses.