¿Puede un dron salvar una vida?

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El término dron está principalmente asociado a dos cosas: a esos aparatitos voladores indiscretos manejados por aficionados (algunos espectaculares) o a máquinas de guerra que arrasan allá por donde pasan. Como ocurre en casos de este tipo, esto es una visión simplista, pues existen drones de todo tipo, incluso algunos que pueden salvar vidas, como los de Zipline.

No es la primera vez que Zipline se asoma por aquí. Es una compañía que mencionamos al hablar de las startups más interesantes del 2016 y cuya misión es de propósitos humanitarios, pues están utilizando un dron especial al que llaman Zip para hacer llegar medicamentos, vacunas o sangre en áreas de Ruanda de difícil acceso.

Zip, que tiene un peso de unos 12 kilos y que puede llevar un cargamento de cerca de kilo y medio, suelta su paquete sobre el centro de salud, hasta donde desciende en un pequeño paracaídas. Hecha la entrega, el dron regresa automáticamente a su base, el centro de distribución de Zipline.

Entrevistado en el podcast de Recode, «Too Embarrassed to Ask», el director general de Zipline, Keller Rinaudo, habló de diferentes temas, entre ellos como los celulares han impactado en el continente africano: «Hace diez años, la gente habría dicho: “Los teléfonos celulares nunca van a ser útiles en África”, no se puede imaginar que funcionen las infraestructuras. En realidad, los teléfonos celulares han permitido a muchos de estos países solventar totalmente la ausencia de líneas fijas y construir la infraestructura que ha hecho que la vida de las personas sea mucho mejor. Esperamos hacer lo mismo por el transporte y la logística en estos países, utilizando aviones no tripulados para saltar la ausencia de carreteras».

Mientras que una propuesta como la de Zipline hubiera tenido una tibia acogida en otros lugares, Rinaudo señaló que los reguladores ruandeses fueron mucho más fáciles de tratar que sus contrapartes en Estados Unidos. Sí, por un lado el país es más pequeño y eso facilita las cosas, pero también existe una necesidad de suministro médico que es claramente conocida por las autoridades.

Pero eso no quiere decir que no se encontrasen con obstáculos. Uno de ellos: evitar que la compañía fuese percibida como una filial del ejército de los Estados Unidos. Y es que, según cuenta Rinaudo, «Cuando entramos y operamos en los países, una de las preguntas que frecuentemente recibimos del gobierno es: “¿Esto nos va a espiar? ¿Está usted trabajando para el departamento de defensa?”».

Cuando hablamos de Zipline, todavía no estaba en marcha. Pero ahora ya está en funcionamiento y trabaja con 21 hospitales de todo el país. Y algo importante: se paga cada entrega que se realiza. Y esto es importante, como señala Rinaudo, porque el gran obstáculo en emprendimientos de carácter social siempre es convencer a los inversores que detrás hay un modelo de negocio.

Así lo explica él mismo: «Lo que siempre estoy enfatizando es: “Mira, esto no es filantropía”. Y en realidad es una lástima que vemos que hacer algo bueno para la gente en los lugares que realmente lo necesitan como totalmente divorciado de un modelo de negocio sostenible. Nuestra misión es mostrar que puedes hacer ambas cosas».

Y vamos que lo están consiguiendo. Hace menos de un año, habían recibido 18 millones de dólares de inversión proveniente de diferentes actores. Actualmente, han recaudado 85 millones y sus inversores son Andreessen Horowitz, GV y Sequoia Capital.

Sin duda, Zipline va camino de convertirse en un referente de emprendimiento social, dejando claro que es posible conjugar el ayudar a la gente que más lo necesita con un modelo de negocio que permita generar ganancias, algo que en el mundo de hoy en día parece ser el requisito indispensable para poder echar una mano donde es necesario no solo una, sino muchas.