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Una de las medidas más polémicas de la administración Trump apenas se ha inaugurado está causando estragos. Nos referimos, por supuesto, a las restricciones en materia de inmigración que el flamante presidente ha establecido para los países con mayoría musulmana. Dejando a un lado las cuestiones humanitarias y sociales, que por sí solas ya merecen consideración, esta política también afecta de manera directa a varias de las compañías tecnológicas más importantes de Estados Unidos.

Una de las empresas que primero reaccionó fue Google. Su director ejecutivo, Sundar Pichai, envió un comunicado a todos los trabajadores del gigante de las búsquedas que se encuentran fuera de Estados Unidos para que regresen lo antes posible. Si no lo hacen, corren el riesgo de no poder ingresar al país. Y no solo eso, sino que desde Mountain View crearon un fondo de emergencia de 4 millones de dólares para ayudar a los empleados afectados.

Otro caso a resaltar es el de Uber, cuyo CEO, Travis Kalanick, aseguró en una publicación en Facebook que la compañía identificará a los conductores afectados y les «compensarán pro bono» (es decir, sin necesidad de que esa compensación sea devuelta) durante los próximos 3 meses, que vendría a ser el tiempo que durará el cierre temporal de fronteras para países musulmanes que ha ordenado Trump. En ese tiempo, Kalanick ha asegurado que no tendrán que preocuparse de poner comida en la mesa. Además, se ha creado un fondo de defensa legal de 3 millones de dólares para ayudar a los conductores que lo necesiten con servicios de inmigración y traducción. Recordemos que Kalanick forma parte del Foro Estratégico y de Políticas de Donald Trump, lo cual evidencia la discrepancia que hay respecto a esta medida en el seno de su administración.

Y también hay que señalar que desde AirBnB han tomado una medida. Desde Twitter, su CEO, Brian Chesky, anunció que brindarían alojamiento gratuito para refugiados y otros afectados por la prohibición de Trump. En la actualidad, se ha puesto disponible un formulario para que se registren todas aquellas personas que puedan y quieren ofrecer su espacio de forma voluntaria.

Desde Apple y Microsoft también han reaccionado. En Cupertino están brindando apoyo a los empleados afectados e iniciando acercamientos con la Casa Blanca para hacerles conocer los efectos negativos de esta política. Mientras, en Redmond, han ofrecido a sus empleados asistencia y asesoría legal.

Más allá de las medidas prácticas, varios líderes de grandes compañías tecnológicas se han manifestado con rotundidad en contra de la medida. Tim Cook, el CEO de Apple, ha señalado que «la diversidad nos hace más fuertes» y que sin la inmigración, la compañía no existiría. Al fin y al cabo, Steve Jobs era hijo de un inmigrante sirio; es decir, de uno de los países prohibidos por el presidente Trump.

También se han pronunciado el CEO de Netflix, Reed Hastings, y el de Twitter, Jack Dorsey. El primero declaró que estas restricciones «no son estadounidenses» (haciendo referencia al espíritu que se supone inspira al país) y que lo más probable es que sirvan para fomentar el odio hacia los estadounidenses y, por lo tanto, se verá aumentada la amenaza a sus vidas fuera de sus fronteras. Para el segundo, Dorsey, los efectos humanos y financieros de la medida son «reales y perturbadores». También se pronunciaron desde Mozilla, donde consideran la aplicación de esta política como una barrera a la innovación y que perjudica precisamente a las personas que pueden enfrentar «la persecución, el terror y la guerra».

Y las críticas también han venido desde las propias filas de Trump. Y no solo de Kalanick, sino también de otra importante, quizá más, figura tecnológica: Elon Musk, quien también es parte del Foro Estratégico y de Políticas. Musk fue más diplomático y dijo que esa no era la mejor manera de resolver los problemas del país y que mucha de la gente afectada por las restricciones son «fuertes partidarios de Estados Unidos» y que no merecen este trato. Aunque podría haber sido más contundente, lo cierto es que también deja clara su oposición.

Como vemos, el mundo de la tecnología se ha posicionado con claridad frente a la polémica medida. Esto deja en nada el intento conciliador de la reunión que el ahora líder del país más poderoso del mundo tuvo con las cabezas de las grandes empresas. De todas formas, ante medidas así, era algo previsible. Al fin y al cabo, la industria tecnológica es la que más ha comprobado de primera mano el valor de la multiculturalidad en sus filas y gran parte de su valor proviene de que esta formada por empresas que tienen presencia global.