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Desde el 12 de diciembre, está en activo en Estados Unidos un impresionante parque eólico llamado Block Island. Se trata del primer parque de estas características situado en alta mar en América del Norte y está compuesto por cinco enormes turbinas instaladas en el océano atlántico. El parque ha sido construido por una asociación formada por EG y Deepwater Wind, un desarrollador de turbinas para su uso en alta mar.

Fue desde la fecha mencionada antes que este parque está suministrando energía a la red eléctrica de Nueva Inglaterra tras una etapa de pruebas que duró cuatro meses y que terminó el 2 de diciembre de manera exitosa, consiguiendo producir más de un gigavatio/hora de electricidad.

El parque está situado a 30 millas de la costa de Rhode Island y, según le explicó a Business Insider Eric Crucerey, el gerente de proyecto del parque eólico, emite 40.000 toneladas de gases invernadero al año menos que los combustibles fósiles, siendo capaz de generar la misma cantidad de energía. Esto vendría a ser el equivalente de retirar de las carreteras 150.000 autos

Cada turbina del parque eólico Block Island tiene la capacidad de generar 6 megavatioss de energía durante su ciclo de vida, lo cual es suficiente como para alimentar 5.000 hogares. Individualmente, cada turbina produce 21.000 toneladas menos de CO2 que el que emiten los combustibles fósiles para generar la misma energía que generan ellas.

Un proceso que fue de todo menos sencillo

La instalación de Block Island empezó a hacerse durante el verano y se concluyó a finales de agosto. Crucery explica que fue una tarea monumental: cada generador de la turbina pesa 400 toneladas y es más o menos del tamaño de un bus escolar. Desde la base hasta lo más alto de las aspas, las turbinas alcanzan el doble de altura de la Estatua de la Libertad. Mover todo esto desde su lugar de fabricación hasta donde se colocaron de manera permanente ofreció un verdadero desafío.

Las aspas, de 27 toneladas, provenían de Dinamarca y, para llevarlas hasta el transporte marítimo, el equipo usó tractores especiales que podían aguantar semejante peso. Además, cuando se encontraron con carreteras muy estrechas, tuvieron que pavimentar nuevos caminos.

Todas las partes fueron transportadas por un carguero que partió de Avilés, España. Los generadores fueron hechos en las instalaciones de GE en St. Nazaire, en Francia, y para evitar que sufrieran daño por el fuerte oleaje, los generadores iban en una plataforma elevada de manera que el agua pudiese pasar por debajo de ella en lugar de golpearlos.

La energía eólica, una fuente con gran potencial desaprovechado en Estados Unidos

Los Estados Unidos consumen una increíble cantidad de energía. Nada menos 97 mil billones de BTUs, que es algo así como el equivalente al 18% del consumo total de energía de todo el planeta. Y como si fuera poco, la demanda lo único que hace es crecer con el tiempo. La gran mayoría de esta energía proviene de los combustibles fósiles y no es ni renovable ni sustentable. Pero los parques eólicos ofrecen una alternativa prometedora.

El potencial para la producción de energía eólica en alta mar en Estados Unidos es enorme. Para hacernos una idea, si se hiciese uso de todo el espacio oceánico disponible, los vientos de las aguas costeras podrían proveer más de 4.000 gigavatios al año, lo que sería más de cuatro veces la producción anual de todo el país.

¿Y por qué en alta mar? La respuesta es sencilla: los vientos tienden a soplar con más fuerza y de manera más consistente en el océano, lo cual ayuda a que las turbinas generen más energía. Además, su tamaño, que es superior a las de tierra, es otro factor que permite producir más energía a lo largo del tiempo.

Ya que Estados Unidos está a la zaga de Asia y Europa en materia de energías renovables, quizá la instalación de este parque siente un precedente que sirva para convencer de que la época en la que vivimos demanda de este tipo de soluciones; unas soluciones que son tan efectivas como las de los combustibles fósiles pero mucho más sustentables, sanas para el planeta y, desde luego, sanas para nosotros.