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Si lo tuyo son los juegos, sabrás que un elemento importante con el que debes contar siempre es con una buena tarjeta gráfica. Sin embargo, desde AMD tienen una propuesta para ti: procesadores con gráficos integrados que permitirán que tu nueva máquina no sea tan costosa.

Los nuevos procesadores Ryzen, el Ryzen 5 2400G y el Ryzen 3 2200G (variante menor del primero), traen gráficos Vega integrados. Según AMD, son lo bastante potentes como para ejecutar «juegos de deportes» y otros menos exigentes pero que, igualmente, requerirían por lo menos de tarjetas gráficas modestas.

El objetivo de la empresa con estos procesadores sería tender un puente  entre las costosas GPU y los PC económicos que ejecutan gráficos integrados con poca potencia. Y, además, que este puente sea asequible: el Ryzen 5 está a un precio de salida de $169 y el Ryzen 3, a $99.

Sin duda, es un propósito muy loable. Pero, ¿lo han alcanzado? Para responder a esta pregunta, en Digital Trends realizaron un examen a conciencia de los procesadores. Veamos cuales fueron sus hallazgos.

Nada de CPU: APU

Antes de nada, hay que comprender que esos Ryzen no son exactamente unas CPU. AMD los denomina como «APU», que significa «unidad de procesamiento acelerado», y que es el término que han decidido utilizar para un procesador que integra un chip gráfico.

Los gráficos de estas APU están basados en la arquitectura Vega, que es la que también se encuentra en las GPU Radeon Vega 56 y 64. Los números de estas derivan de las unidades de cómputo con las que vienen. Si comparamos estas con las que tienen las APU, podemos apreciar un recorte considerable que puede despertar dudas acerca de su rendimiento: el Ryzen 5 2400G tiene 11 unidades y el Ryzen 3 2200G tiene solo 8.

Frente a frente con Intel

Una APU no deja de ser una CPU, así que es necesario fijarse no solamente en su rendimiento gráfico, a pesar de que esta sea su característica más promocionada: hay que esperar de él lo que se espera de cualquier procesador común.

Hay que tomar como punto de partida que los Ryzen 5 2400G y 3 2200G usan la misma arquitectura de la línea Ryzen de AMD. Y esto es algo que se nota. Según afirman desde Digital Trends, en sus análisis de los Ryzen estos son superados generalmente por los chips Intel Core si ambos tienen el mismo número de núcleos y funcionan a una velocidad de reloj similar. Por lo tanto, esta regla se mantienen en las APU de AMD.

En pruebas realizadas con el benchmark Geekbench, el Ryzen 5 2400G se mantuvo al mismo nivel que el Ryzen 3 1300X, pero el propio Ryzen 5 1600 de AMD y el Core i3-8100 de Intel superaron su rendimiento. Y esto es algo a considerar, pues el Ryzen 5 2400G es más caro que estos dos últimos.

Los resultados que obtuvieron con el Ryzen 3 2200G fueron similares: el rendimiento de uno o varios núcleos caía por debajo de competidores de características parecidas por un pequeño margen. Dado su precio, de tan solo $100, es algo casi impresionante, pero la brecha entre él y otros procesadores mucho más capaces como el Ryzen 5 1600 o el Intel Core i3-8100 hace que la diferencia de precio, que estaría en unos $30, no sea muy significativa. Ahorrar, ahorras; pero en vale la pena realizar el pequeño gasto adicional.

Las pruebas de codificación de vídeo 4K de Digital Trends lo que hicieron fue reforzar estas opiniones: son procesadores adecuados para todos los días pero se quedan rezagados frente a otras opciones que, sí, los superan en precio pero no con una gran diferencia.

Probando para lo que son: juegos

Aunque el rendimiento general puede no ser el mejor, donde hay que ver hasta donde llegan es en el terreno de los juegos, ya que se supone que el rendimiento gráfico es lo que diferencia a estas APU de las CPU habituales.

El benchmark 3DMark dejó claro que ambas APU no se acercan al rendimiento que se puede obtener por medio de una tarjeta gráfica modesta. Comparando su rendimiento con el de la Nvidia GeForce GTX 1050 y la Radeon RX 560, que están en precios entre $160 y $180, hay una brecha evidente. Y no solo eso, sino que incluso GPUs de bajo coste, como la RX 550, superan a los gráficos integrados de los dos Ryzen examinados aquí.

Pasando a pruebas en entorno real, los resultados son un tanto desiguales, pero se siguen confirmando los números anteriores y, por lo tanto, las conclusiones: hay una brecha de rendimiento entre una GPU económica y los gráficos Vega integrados en los Ryzen 5 2400G y Ryzen 3 2200G.

En el caso de juegos poco exigentes, como Rocket League, los gráficos integrados Vega superan con un margen ajustado a los gráficos integrados UHD 620 de Intel. Pero en Digital Trends fueron un poco más allá, con juegos de mayor demanda y con lo que se encontraron fue que los Ryzen cumplían pero de una manera muy, pero que muy ajustada.

Con Battlefield 1, con los ajustes medios (a 1080p), el Ryzen 5 2400G logró llegar a unos 22 FPS, consiguiendo que el juego se jugable pero por muy poco. Una tarjeta gráfica de gama baja como la GTX 1050 cuadruplica el rendimiento con facilidad. Lo mismo observaron con el Civilization VI e incluso con el Deus Ex: Mankind Divided: ninguna de las dos APU puede brindar nada que se acerque a un framerate jugable.

El veredicto

Tras estas pruebas, cuyos números puedes consultar en el análisis original, en Digital Trends llegan a la conclusión de que, aunque la intención de AMD es buena y que cumplen de manera ajustada con lo que ofrecen, los Ryzen 5 2400G y 3 2200G pueden quedarse bastante cortos respecto a otras opciones.

Si estamos armando una computadora para juegos y queremos economizar al máximo, pueden ser una buena opción para los bolsillos más ajustados. Ahora bien, si se puede estirar un poco el presupuesto, tal vez convenga más decantarse por la incorporación de tarjetas gráficas de gama baja. De hecho, si nos identificamos como gamers, ambos procesadores no nos dejarán satisfechos.

Estas nuevas APU Ryzen son las primeras con Vega, pero no las primeras de AMD. Desde la compañía llevan varios años tratando de posicionar sus APU como una solución minimamente viable para los gamers, pero todavía no lo consiguen porque, precisamente, no logran cumplir con ese mínimo indispensable. La intención es loable y se podría decir que tienen un mercado ahí fuera al que llegar. Pero todavía deben mejorar para conseguir alcanzarlo.