La historia detrás de foto más famosa de Steve Jobs

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Si hay una imagen icónica de Steve Jobs es esa que aparece en la portada de su biografía oficial, escrita por Walter Isaacson. De hecho, es tan popular que estamos seguros de que la has visto en miles de sitios aparte de en el libro, pues suele ser una de las preferidas a la hora de ilustrar cualquier artículo del cofundador de Apple. Y por supuesto, al ser tan famosa, también ha sido parodiada, como en esta imagen de la serie de televisión «Silicon Valley»:

silicon-valley

El fotógrafo que la tomó fue Albert Watson, y lo hizo por el encargo de una revista que quería fotografiar a las personas más poderosas de Estados Unidos en 2006.  En aquel año, uno antes de que el iPhone llegase al mercado, Jobs ya era considerado como una de ellas. Recordemos que ya entonces Apple era una marca de lo más reconocida no solo por los Mac, sino por el iPod, que había puesto su grano de arena en revolucionar el mundo de la música.

Cabe señalar que Watson es un fotógrafo de gran reputación. Sus imágenes han sido portada de la revista Vogue en más de 100 ocasiones y de la revista Rolling Stone en más de 40. Ha recibido numerosos premios y es considerado como uno de los 20 fotógrafos más influyentes de toda la historia.

Según narra el propio Watson en una entrevista publicada recientemente, y que puedes ver al final del artículo, disponía de tan solo una hora para la sesión fotográfica. Además de la presión del tiempo, el representante de Jobs añadió un poco más cuando le hizo saber a Watson que «Steve odia a los fotógrafos».

Sin embargo, un planteamiento semejante no arredró a Watson, que ya con Jobs delante, decidió arriesgarse diciéndole que podrían hacer la sesión en tan solo 30 minutos. De esta forma, consiguió que el CEO de Apple se relajase y se pusiese de su parte, ya que al recibir esa noticia suspiró aliviado y dijo «Dios, eso sería grandioso. Hoy tengo mucho por hacer».

Watson decidió afrontar la fotografía como si fuera para un pasaporte: con fondo blanco y de frente, tratando de mantenerla lo más simple posible. Le pidió a Jobs que se inclinase ligeramente hacia la cámara y que se imaginara que estaba sentado a una mesa con 4 o 5 personas que no estaban de acuerdo con él, a pesar de que él tenía claro que llevaba la razón. La respuesta de Jobs fue: «Eso es fácil. Lo hago todos los días».

«Entonces se echó hacia delante y puso esa mirada —explica Watson—. Puso su pulgar aquí y me dio esa pequeña sonrisa. Solo que no estaba sonriendo. Era más bien un gesto como diciendo “No cuestiones lo que estoy haciendo”». Al final, la sesión incluso duró menos que lo que había prometido Watson, pues concluyó en tan solo 20 minutos.

Al terminar, Steve Jobs le pidió al fotógrafo si podía quedarse con la versión en Poladoird de la sesión y afirmó que ese era el mejor retrato que le habían hecho jamás. Watson pensó que Jobs tan solo estaba siendo educado, pero años después le llamaron desde California y le preguntaron si conservaba aquella fotografía pues necesitaban que se la enviase. Watson lo hizo y, por la tarde, recibió un mensaje en su teléfono informándole de la muerte de Jobs junto con un enlace al sitio web de Apple, donde en esos momentos estaba colgada la fotografía que él tomó: «Al final, parece que sí le gustó de verdad».

Si quieres ver la historia contada por su protagonista, aquí te dejamos el vídeo: