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«Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas» contaba Tolkien que ponía en el anillo único. Y algo así podría decirse que las grandes empresas de software están buscando escribir en el código fuente de sus futuros sistemas operativos. Aunque es de esperar que sustituyan «tinieblas» por «dispositivos».

Y es que, hoy en día, la fragmentación existente entre sistemas operativos móviles y de escritorio se ha convertido en un gran obstáculo de cara al siguiente paso evolutivo en tecnología de consumo: la integración entre lo que tenemos en el bolsillo y lo que tenemos sobre la mesa.

La gran aspiración es que podamos pasar de un entorno a otro sin ninguna fricción, usando las mismas aplicaciones de escritorio en el móvil, contestar una llamada de teléfono desde la portátil o dejar esta a un lado para continuar trabajando desde la tablet. Ahora mismo, esto se ha conseguido a base de parches; es decir, diferentes versiones de aplicaciones para cada sistema. Y, en principio, parece que por el momento no hay otra solución mucho más fluida.

En principio. Por el momento. Porque las grandes compañías tienen el objetivo de conseguirlo en el horizonte. Veamos entonces qué es lo que están haciendo al respecto las principales empresas: Microsoft, Apple y Google.

Microsoft: un adelantado a su tiempo

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En un movimiento que sorprendió a más de uno, hace unos años Microsoft lanzó un atrevido sistema que rompía con muchos paradigmas de su hasta ahora casi inmutable Windows: Windows 8.

El entonces CEO de Microsoft, Steve Ballmer, dijo que «Windows 8 rompe la percepción de lo que es realmente un PC ahora. Hemos reimaginado Windows y hemos iniciado una nueva era para Microsoft. Ofrecerá una experiencia sin compromisos». Fueron unas bonitas palabras que no fueron acompañadas por el entusiasmo de los usuarios, sino al contrario: hubo un diluvio de críticas negativas y, 3 años después, aparecía Windows 10, que conservaba parte del espíritu de Windows 8 pero también el de versiones anteriores.

Sin embargo, a pesar de lo que podría considerarse como un paso atrás (aunque han ido recuperando terreno por medio de las actualizaciones de Windows 10) en Redmond todavía apuntan al mismo destino al que se dirigía Windows 8: el sistema operativo unificado.

Quedó claro en el discurso de apertura de Satya Nadella en el Build 2018: «En un solo día, estás usando múltiples dispositivos, estás en múltiples lugares trabajando con múltiples personas e interactuando usando múltiples sentidos. Ese es el mundo en el que ya vivimos. Necesitamos un sistema operativo, necesitamos una plataforma que resuma el hardware a ese nivel, que cree un modelo de aplicación a ese nivel. Los dispositivos individuales siguen siendo importantes, y seguirán siéndolo. Pero esta meta-orquestación es lo que necesitamos hacer. Tenemos que mejorar incluso nuestro concepto de lo que es un sistema operativo».

Windows 10 es el segundo paso (si aceptamos Windows 8) que da Microsoft hacia el sistema unificado. Como complemento, la compañía está fortaleciendo su aproximación a los servicios en la nube, los cuales pueden accederse y utilizar con independencia del dispositivo. Pero al margen de esto, tras bastidores la empresa está rediseñando Windows para que vaya mucho más allá de lo que hay ahora.

Aunque no se conocen los detalles, los rumores hablan de un Surface Phone que sería un dispositivo similar a una portátil, solo que con una pantalla táctil doble, que hace uso del Surface Pen. No está claro si funcionará como un teléfono, como sugiere el apodo que le han dado, pero los conceptos muestran una amplia variedad de tamaños.

Pero aquí lo principal es que el Surface Pen usaría un sistema operativo llamado Windows Core OS, que se basaría en el shell de Windows 10. Es decir, que Microsoft regresa al concepto que abordó en Windows 8 de «One Windows», con un sistema que funcionaría en escritorio, en tablets, en teléfonos y hasta en consolas (su Xbox).

Por el momento, esto solo son rumores. Pero en estos tiempos en que el refrán «cuando el río suena, agua lleva» ha demostrado llevar razón en más de una ocasión, vale la pena prestar atención a lo que se dice en voz baja.

Apple: «Yo no digo nada, pero…»

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Aunque la compañía de la manzana no es tan hermética ahora como lo fue en otros tiempos, todavía logra conservar un nivel de secretismo bastante alto, así que es más difícil saber qué es lo que se proponen. Pero está claro que ellos apuntan en la misma dirección del sistema unificado.

En alguna ocasión hemos mencionado el trabajo que están haciendo para que sea más sencillo elaborar aplicaciones para sus sistemas, MacOS e iOS. Para muchos, esta facilitación de la portabilidad entre plataformas significaba el primer paso hacia la integración entre ambos sistemas. Apple lo negó, pero también ha negado muchas cosas que luego terminó haciendo, así que en este punto no hay que darle mucha credibilidad. Sobre todo si los rumores son ciertos.

¿Y qué dicen los rumores? Pues basándose en las nuevas patentes de la compañía, Apple pretende expandir la Touch Bar de los MacBook Pro a todo el teclado. O mejor dicho, sustituir el teclado por una pantalla táctil. De ser cierto, se sentarían las bases para entrelazar las funcionalidades de iOS y MacOS, lo cual añadido al marco de trabajo de aplicaciones universales de iOS, tendríamos algo que suena muy parecido a la fusión de los sistemas móviles y de escritorio.

Google: romper con el pasado

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De las 3 compañías, Google es la que tiene un enfoque más rompedor. Porque su planteamiento es, directamente, empezar de cero. Sí, con Fuchsia.

Esto no significa que no haya hecho nada antes. Al contrario: la empresa lleva más de un año transformando los Chromebooks en dispositivos táctiles e introduciendo poco a poco funciones de Android en las aplicaciones para móviles que ahora soporta. Pero esto solo ha sido una solución temporal. Porque la principal es Fuchsia.

Desde que hablamos de él cuando saltó a la palestra de la actualidad, poco más se ha sabido. Recientemente, un desarrollador publicó una demo para navegador de Fuchsia usando el código disponible públicamente en GitHub. No hay mucho que hacer o incluso mucho que ver en él, pero es el primer vistazo real a aquello en lo que están trabajando en Mountain View.

Pero más allá del nivel de avance que haya respecto al sistema, hay que reconocer que se trata de un enfoque bastante atrevido. Tal y como están las cosas hoy en día, el sitio para un nuevo sistema operativo (y no una evolución de los actuales) es bastante estrecho. De hecho, Fuchsia no solamente debería competir con Windows y MacOS (o Apple en general, mejor dicho), sino que debería competir contra sí mismo, Android.

Sin embargo, eso ya es otra historia de la que deberemos ponernos a hablar cuando Fuchsia sea algo más consistente de lo que es ahora mismo.

Una tendencia imparable

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Si las 3 principales compañías apuntan al mismo sitio, aunque cada una siguiendo su propio camino, solamente hay algo claro: en algún momento llegaremos allá. Y «allá» es el sistema operativo unificado, el anillo único.

Cuando lleguemos a él, y lo haremos tarde o temprano, surgirán entonces otros problemas, como la dificultad de cambiarse de ecosistema. Si pasar de iOS a Android o viceversa ya es difícil, hacerlo cuando toda nuestra vida digital esté ligado a ellos puede convertirse en una tarea prácticamente imposible.

Sin embargo, hay otros obstáculos por el camino. Por ejemplo, el hecho de que la presencia de Microsoft en móviles sea testimonial o que la de Google en el escritorio también lo sea. Esto podría solventarse con una alianza estratégica, por supuesto, y sería algo que daría semejante golpe al tablero del mercado que podría romperlo (y eso sin contar con lo que tendrían que decir los reguladores al respecto). No es algo que esté en el horizonte pero… bueno, cosas más raras se han visto.

Así que, tenlo claro: quizá nos tome otra década, pero dentro de no tanto podremos saltar entre dispositivos con la misma facilidad que lo hace una rana de una piedra a otra. Y no solo eso, sino con una fluidez que hará que esta época actual parezca la edad de piedra.