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Solemos emplear la expresión «el mundo al revés» muchas veces, especialmente ante situaciones chocantes. Pero en pocas ocasiones es casi literal como ahora, cuando algunos cirujanos están contando que cada vez más pacientes piden modificaciones para parecerse a sí mismos después de que se les haya aplicado un filtro de Snapchat. Es decir, que pasamos de aplicarnos un filtro para cambiar nuestra apariencia a cambiar nuestra apariencia para parecernos al filtro.

Así lo declaró el Dr. Matthew Shulman en una entrevista con el Huffington Post. Y es que mientras anteriormente era normal que se trajese una imagen de referencia acerca del cambio que querían que se les aplicase, ahora ese ejemplo de cómo quieren que luzcan su piel, ojos o labios es una foto propia pasada por un filtro de Snapchat.

Algunos de esos filtros alisan la piel. Otros, hacen que los ojos se vean más grandes y los labios más gruesos. Según el cirujano plástico, todos estaban ya antes disponibles, como por ejemplo por medio de rellenos labiales y cirugía de párpados. Sin embargo, se puede deducir que, debido a la comprobación accidental que ofrece el servicio acerca de cómo quedarían estos retoques en el usuario, ahora cada vez más gente los solicita.

Shulman, que fue noticia el año pasado precisamente por compartir sus cirugías por Snapchat (con más de un millón de visitas por día), afirma que prefiere que los pacientes le traigan una imagen propia con filtro que la de un tercero como referencia. Conseguir una apariencia partiendo de la que ya se posee es más realista que tratar de parecerse completamente a otra persona.

Las redes sociales como referencia

Esto, que en cierta manera puede verse positivamente, no es la única influencia de las redes sociales en el mundo de la cirugía estética. La Dr. Michelle Yagoda afirma haberla visto también entre sus pacientes, que aunque no llegan a su consulta con filtros de Snapchat en la mano, sí le piden cambios influidos por las redes sociales, como una piel más lisa.

Otro cirujano plástico, en este caso del Reino Unido, ha hecho también declaraciones similares, añadiendo que se ha encontrado en ocasiones con pacientes con trastorno dismórfico corporal, de manera terminó derivándolos a un terapeuta.

Pero más allá de tomar las imágenes de redes sociales como referencia, parece que también se convierten para algunos en el motivo de hacerse una operación de cirujía estética. Según publicaron en la revista Cosmopolitan el año pasado, un cirujano afirmó que el grupo de edad de 18 a 24 años cada vez con más frecuencia citaba «querer verse bien en fotos» como el motivo principal para la operación.

¿Es esta tendencia preocupante? Quizá no más que las que existían antes de la popularización de los medios sociales digitales. Al fin y al cabo, no se trata de más que de la traslación de un medio (papel, televisión, cine) a otro (digital). O sea, un cambio de referentes. Lo que más debe preocupar es si realmente se está produciendo o no un crecimiento en las operaciones de cirujía estética, pues tras él puede encontrarse un problema de autoestima e imagen personal subyacente que sea realmente grave. Y eso, como sociedad, si deberíamos empezar a considerarlo seriamente.