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Como ya hemos visto, la capacitación online es una modalidad de formación que está en alza y existen ofertas de cursos de gran calidad. Sin embargo, una vez que cualquiera concluye un curso, surge una duda: ¿qué hacer a continuación? La respuesta lógica es «aplicar lo que se ha aprendido». Pero, ¿cómo hacerlo?

Para ello, nada mejor que embarcarse en un proyecto que esté destinado específicamente a eso, a aplicar lo que se aprendió en el curso y a transformar la información recibida en conocimiento a través de la práctica, reforzando de nuevo todo aquello se estudió. A continuación, te explicamos los pasos a seguir para hacerlo de una manera organizada y efectiva.

 

Prepárate para entrar en acción

Tras seguir un curso, seguro que estarás lleno de deseos de poner en práctica todo lo que has aprendido. Pero hacerlo a tontas y a locas lo único que te garantiza es frustración. Sobre todo porque es muy posible que veas ahora todo bajo el prisma de la nueva información adquirida y te sientas tentado de… bueno, usar un martillo con un tornillo.

Lo mejor que puedes hacer es tomarte un tiempo, pero tampoco mucho, para decidir cómo vas a aplicar tus nuevos conocimientos. Reflexiona y descubre cuál es la mejor forma de hacerlo, de manera que la información recibida se refuerce a sí misma por medio de la acción. A continuación, planifica la manera en que lo vas a hacer, los pasos que vas a seguir.

 

Se específico

A la hora de planificar la aplicación de tus conocimientos, no es cuestión solamente de establecerte metas a alcanzar, sino de especificar cómo sabrás que has alcanzado esas metas y de establecer plazos realistas para lograrlas.

Las metas son sencillas: ¿Has aprendido sobre tráfico web? Proponte incrementar las visitas a tu blog en un número o porcentaje concreto. ¿Has aprendido a hacer aplicaciones móvil? Proponte crear una que tenga una serie de características determinadas.

No te propongas metas muy altas, que sean demasiado difíciles de alcanzar. Recuerda que el propósito de lo que estás haciendo es poner en práctica lo que has aprendido para reforzarlo y aprender todavía más. Apunta a objetivos más bien modestos. Ya tendrás tiempo después para enfrentar retos más duros.

En cuanto a los plazos, hay que apuntar a un período realista y que esté en consonancia con el tiempo de que dispones: no debe ser demasiado laxo pero tampoco demasiado exigente. Una fórmula que te puede ayudar es calcular cuánto te llevaría realizar o implementar lo que te propones en las mejores condiciones y luego multiplicar ese tiempo por tres.

 

Delimita los pasos a seguir

Antes de ponerte en marcha, debes definir cuáles son los pasos que vas a seguir para alcanzar los objetivos que te has propuesto. Procura delimitarlos con claridad, incluyendo en tu planificación hasta los más pequeños.

Se trata de generar un mapa u hoja de ruta a seguir que te permitirá no solo comprobar si has cumplido las etapas indicadas en aquello que aprendiste, sino también el camino que debes seguir a continuación.

Es en este momento cuando también debes establecer el tiempo que le vas a dedicar a cada paso, reservando bloques diarios o semanales, dependiendo de cómo sea tu planificación. Lo más recomendable es que sean bloques diarios, pero eso dependerá de tu disponibilidad de tiempo. La duración de estos bloques puede ser cualquiera, pero entre una y dos horas suele ser un tiempo más que adecuado.

 

Entra en acción

Una vez que lo has planificado todo, poniéndolo preferiblemente por escrito, llega el momento de ponerte en marcha siguiendo el plan que has desarrollado, lo cual no es poca cosa.

Es importante que pongas dedicación por tu parte. Cumple las tareas que has especificado y trata de hacerlo dentro del tiempo establecido. Pero si no lo consigues, no te rindas. Si te pasas del tiempo fijado, tan solo reajusta tu planificación y continúa adelante.

En este punto, puede ser recomendable llevar una especie de «diario» del proyecto en el que te has embarcado. Reserva un tiempo adicional, unos cinco o diez minutos, para anotar lo que has hecho en esa sesión y describe los problemas conque te has encontrado junto con las soluciones que aplicaste. Este registro te puede ser de mucha utilidad en el futuro.

 

Se persistente

Por muy extensa que sea el área que cubrió la teoría que estudiaste, en el momento de la práctica te encontrarás con problemas inesperados a los que deberás dar solución. En esos momentos, te sentirás tentado a abandonar. No lo hagas: la práctica es donde la información se convierte en conocimiento.

Cada uno tiene sus propios métodos de lidiar con esos momentos de frustración en los cuales no consigues seguir adelante. Sin embargo, algo que te puede ser de utilidad es ver lo que estás haciendo como una extensión del periodo de aprendizaje anterior. No seas muy duro contigo mismo: concluiste el curso pero todavía estás aprendiendo.

 

Evalúate

Una vez termines el proyecto, llega el momento de autoevaluarte. Se trata de que hagas un análisis de tu experiencia: cómo la has vivido, con qué dificultades te has encontrado y, por supuesto, si has alcanzado o no los objetivos.

Lo mejor es que este análisis lo hagas por escrito. Si te sirve como guía, piensa en que estuvieses escribiendo un informe para un tercero. Sin embargo, lo mejor es que te expreses en él como desees y te encuentres más cómodo. El objetivo del análisis es que reflexiones sobre la experiencia y refuerces lo que has aprendido con ella.

A partir de aquí, el siguiente paso es el que tú quieras dar. Si lo que estudiaste en el curso es compatible con tu labor diaria, seguramente ya hayas aplicado partes de lo aprendiste en ella, además de en tu proyecto privado. Pero este, sin darte cuenta, también habrá influido en tu trabajo. Y si no era compatible, pues tal vez ahora es el momento de… empezar de nuevo con otro proyecto, ahora más ambicioso que el anterior. Solo a base de la repetición y la constancia conseguirás dominar esa disciplina que decidiste aprender.